Te imagino así, con ese final,
y no puedo evitar reírme.
Pero eso es lo que me das.
Lo que necesito ahora de vos
es que no me digas nada
y solo hagas lo que tengas que hacer
y luego andate
y luego volve
y luego andate
pero no me digas cuando
no me digas donde
no hagas que te espere
no hagas que te sueñe
solamente
haceme reír, nada más.
Quizás algún día nos riamos juntos
quizás te quedes y no te vayas más
pero eso a quien le importa.
Quizás es lo que no necesito,
en lo que justamente, ni insisto.
"Uno no debe consentir arrastrarse cuando siente el impulso de volar" Helen Keller
martes, 7 de abril de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Caen
Todos caen.
El cuerpo. Nuestra Sonrisa. Los sueños.
El sol, la luna. El culo, las tetas.
Las lágrimas. Las llaves. Los modales.
Las cáscaras, las máscaras. El agua.
Los inoportunos. Los modelos. Las flechas.
Las puertas. Las piedras. La verguenza.
La mirada. La soga. Los inocentes.
La ropa. Las barreras. La oferta, la demanda.
El pelo. Las enredaderas. La fama.
Las hojas de los árboles. Las bombas.
La nieve. Los suicidas. Los graves.
Las mariposas. Los dientes. El martillo.
La pintura. Los muros. El tabaco.
Las heces. Los que escalan. La comida.
La tensión. Las monedas. Las agujas.
El jabón. La importancia. Los rayos.
Los ataúdes. El deseo. Los satélites.
Las flores. La mentira. Los imperios.
Los puentes. Los mensajes. Los genios.
Los aviones. Los meteoritos. Los gigantes.
Los techos. Los glaciares. Las cadenas.
Los árboles. Las olas. Las pelotas.
Algunas cabezas. El látigo. El sistema.
Los submarinos. Los contrincantes.
Los velos. Las torres.
Las luciérnagas.
jueves, 26 de marzo de 2015
Partida
A veces hay que
mandar todo bien a la mierda.
A veces uno mismo
se manda a la mierda, en un intento por reaccionar. Como un mecanismo de
supervivencia casi.
Patear el tablero.
Descargarse
Romper o romperse
hasta estar seguro de que uno esta ahí.
Sí, estamos
solos.
Las decisiones
las tomamos solos. Que creemos o que no.
Si mejor seguimos
soportando o mandamos todo a la mierda.
Es placentero, no
se puede negar.
Cansarse de
sostener algo tan volátil como es la realidad,
que cambia todo
el tiempo. Que la cambias todo el tiempo y que te la cambian todo el tiempo.
Las fichas se
mueven. y hay que pensar la próxima jugada.
A veces se pone
tan bueno que aunque sepas que la partida debe terminar,
haces lo posible
para que dure aunque sea un segundo más.
Y ahí es cuando
todo tambalea.
Los aliados sólo
quieren lo que prometiste. Y después que mueras.
Ay, estos
traidores.
Pactos, firmados con
tinta, con sangre, con saliva, con lágrimas.
Si señores.
Estamos solos.
Hay que lograr
afilar la mirada y coordinar el corazón y la mente.
No importa lo que
digan, las palabras mienten. Los actos no. Yo estoy mintiendo en este momento.
Todo el tiempo estoy mintiendo.
El trabajo de
toda una vida, años de practicar y practicar.
Las consecuencias
las enfrentamos solos, las decisiones.
Y cuando las
consecuencias se vienen encima, hay que patear el tablero.
Si ya está
perdido, hay que sacarse todo y salir a la cancha.
Cortarte un brazo
o dejar que la infección se propague.
Exagerado, si.
Pero bastante claro también.
Cuando sentís lo
inevitable algo te mueve, te fuerza a elevarlo hasta lo
más alto que te
permitas, como si eso quedara grabado a fuego dentro de uno. Y empujas. Y
empujas.
Aquellas palabras
que no pensabas decir, pero se escaparon solas.
Y se sintió bien.
Tan bien como explotar.
Patear el tablero
es decirle a la seguridad que se vaya a cagar.
Darle la
bienvenida a la realidad.
Abrazar la
sensación de dejarse y ya.
No puede ponerse
peor a no ser libre.
La sonrisa sale
sola.
Se siente bien.
martes, 17 de marzo de 2015
Apuesta
No hay lugar, para jugar
Es una lástima, de verdad.
Tantos callejones, tantas calles,
solo quisiera escuchar, una bonita historia y nada más.
Nada más.
La noche, podría pasar tanto, tanto
sin embargo se mece, y me adormece
Aunque no relaja, no, para nada.
Una ebullición constante en el interior, que todavía no se define.
Si, las apuestas son así.
Lo mejor es que siempre me encuentra,
mi conciencia, mi luz, mi verdad.
Escucho, sonrío, quiero correr de la mano
De la mano con la aventura, la fina linea de la compostura, la adrenalina que
descubrís cuando todos te miran con sobriedad, y vos.
Vos ya ni los miras.
Sin cómplices, a veces es sentirte solo, en la inmensidad de tu ser,
simplemente porque no te ven.
A veces es sentir que el miedo nos cubre a todos con un velo denso, denso.
Tan denso como una pared, que no se inmuta, que no respira, gris, cubierta de moho,
fría.
Fría.
No te ven. No.
Pero, alguien te siente?
Si alguien te siente en cualquier momento, en cualquier lugar, entonces la apuesta todavía no termina.
Si alguien te mira y te dice, sonriendo, que estás loco, entonces la apuesta está bien hecha.
Somos espejos, recibís como das.
Si alguien te dice, que confía en vos, y te da su mano...redobla la apuesta y dale las dos.
A veces perder el control es verse, encontrarse, liberarse, animarse.
Amarse.
Es una lástima, de verdad.
Tantos callejones, tantas calles,
solo quisiera escuchar, una bonita historia y nada más.
Nada más.
La noche, podría pasar tanto, tanto
sin embargo se mece, y me adormece
Aunque no relaja, no, para nada.
Una ebullición constante en el interior, que todavía no se define.
Si, las apuestas son así.
Lo mejor es que siempre me encuentra,
mi conciencia, mi luz, mi verdad.
Escucho, sonrío, quiero correr de la mano
De la mano con la aventura, la fina linea de la compostura, la adrenalina que
descubrís cuando todos te miran con sobriedad, y vos.
Vos ya ni los miras.
Sin cómplices, a veces es sentirte solo, en la inmensidad de tu ser,
simplemente porque no te ven.
A veces es sentir que el miedo nos cubre a todos con un velo denso, denso.
Tan denso como una pared, que no se inmuta, que no respira, gris, cubierta de moho,
fría.
Fría.
No te ven. No.
Pero, alguien te siente?
Si alguien te siente en cualquier momento, en cualquier lugar, entonces la apuesta todavía no termina.
Si alguien te mira y te dice, sonriendo, que estás loco, entonces la apuesta está bien hecha.
Somos espejos, recibís como das.
Si alguien te dice, que confía en vos, y te da su mano...redobla la apuesta y dale las dos.
A veces perder el control es verse, encontrarse, liberarse, animarse.
Amarse.
martes, 10 de marzo de 2015
Pelota
Madurar significa reconocer cuando uno es un pelotudo.
A veces uno está dispuesto a perder con tal de no retroceder un poco y ganar
mucho más. Es como estacionar. Si te
mandaste mal, tenes que salir y apuntar de nuevo. Hay dos cosas que nos ayudan a saber si realmente
meamos afuera del tarro: la experiencia y la intuición. Y una ayuda bastante a
la otra, cooperan entre si. Por eso creo que realmente
hay pocas cosas que nos sorprendan. Porque en el fondo las señales quedan
grabadas, desde el principio. Y si, por algo es, por algo sentís así y no de
otra manera. Pero como la seguridad se forja mediante los actos, se comprueba
mediante acciones, consecuencias, reacciones. La no reacción es también una
consecuencia. Bah, más bien una conclusión. Porque ahí se termina todo. Nos equivocamos, forma parte de lo que nos
hace ser como somos. Importante es proponerse reaccionar de una manera
diferente, para poder conocernos a nosotros mismos. En vez de callar, hablar.
En vez de dejar, confrontar. Dejar que la verdad de lo que somos cada uno de
nosotros hable. Empujamos un poco más,
empujamos al resto también un poco más. Salimos de la zona de confort y de
seguro por lo menos no habrá arrepentimientos, al contrario. No perdimos nada,
ganamos un poco más que ayer. Recordamos todos aquellos momentos en que dejamos
que alguien más decida por nosotros. Que alguien más nos defina y nos diga que
somos, de que estamos hechos. La rabia se transforma en nada. Los límites
comienzan a volverse más y más claros y, muchas veces, ya no hay dudas de que
esto o aquello, que la vida nos pone adelante una y otra vez es la lección que
todavía no aprendiste. No estás listo, no.
Sabemos lo que vale la pena o no. De seguro podrá distraerte, pero
difícilmente confundirte. La intuición y la experiencia te lo dicen. Cuando no está claro, es porque hay que
empujar.
Cuando tu energía es mal empleada se nota. Porque no
recibís nada. No sentís satisfacción, ni placer. No existe la reciprocidad. Las
cuentas no dan. Uno se encapricha con uno mismo. No quiere escucharse. Y perdes
el tiempo al pedo, con momentos tan inútiles como efímeros, solo por querer
llenar algunos lugares que siempre se pinchan, porque están para eso, filtro.
Solo filtro. Para valorar los que no. Los reales, los profundos, los que te
mueven los que se chocan y estallas y se
prenden fuego y gritas y todo se vuelve una tormenta de realidad. ¿Quién quiere
sonreír como un idiota todo el tiempo sin sentir que es un muñequito detrás de
una vidriera? Por más que no tenga importancia, al menos no tanta como quisiera,
si hay que empezar a cavar es lo mejor que puede pasar. Llegar hasta el punto
donde te pones a prueba y ves quién está y quién no. Quién se queda, quién se
va. A quién le importa y a quién no.
Quien te dice en tu cara que sos un imbécil y quien se la banca cuando vos se
lo decís. Quien es lo suficientemente
maduro para reconocer cuando es un pelotudo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)