lunes, 23 de mayo de 2016

En algún momento

En algún momento. Pero no ahora.
Ahora no es momento porque,
Este es otro momento
Quiero decir, ese es otro momento, y ahora estoy en otro, ¿entiendes?
Ahora este presente está plagado de cosas que necesitan ser atendidas, definidas, terminadas, y yo, sinceramente no quisiera extenderlas porque, en algún momento llegarán otras. Y está prohibido superponerse. Usted sabe, superponerse, sobre exigirse, apurarse para ir cerrando puertas, cerrando asuntos, antes de tener un pico de estrés y suspender todo.
No, superponerse no está en mis planes. Digo, en mis planes ideales. En mi plano ideal. En mi dimensión desconocida. No. Un peso que no debiera estar ahí, eso de superponerse. Mire si en ese momento se me superpone usted. Quizás me equilibre. Pero si yo soy yo y usted es usted, y somos dos cuerpos diferentes y el equilibrio es personal, como vamos a superponernos equilibradamente, por favor.
 
Aún así, ahora, es ahora, y no otro momento. Ya pasó. O está por venir.
Huy, me lo perdí.
Una vez alguien me dijo algo así como, en otro momento. Otra vez yo pensé, seguro en otro momento. Digo porque ese era mi momento pero no era así para el otro. Y cuando nos superpusimos ya no sirvió de nada. Para ninguno de los dos. Eso quiere decir igual que independientemente del momento en el que estuviésemos ambos la cosa estaba destinada a ser así. A no ser.
Me perdí el momento que nunca existió. ¡No me perdí nada en realidad!
Ahora estoy acá. 
Este es mi momento.  
Y es el mejor momento que puedo tener.
Este ahora. Todo el mundo tiene su ahora. Atendiendo esos momentos que estaban esperando porque no era el momento antes. Y que suerte que no lo era.

Por eso le digo, en algún momento. De todos los momentos que me faltan. 

viernes, 15 de abril de 2016

Lista de regalos para mi cumpleaños



Un milagro
Un inflador para la bici
Un abrazo que me haga llorar.
Un llamado de alguien que está lejos.
Una torta casera.
Un poema.
Muchas Flores (guiño guiño)
Un brindis a grito limpio.
Cachetadas, muchas cachetadas.
Ir a bailar con alguien que sepa bailar algo que sea bailable.
Un helado de alguna heladería nueva.
Una carta escrita de puño y letra.
Que me hagan sonrojar.
Mucha música todo el día.
Otra oportunidad.
Unos lentes de sol.
Un lindo quilombo.
Un libro con imágenes.
Una canción.
Bombones
Un silencio que no incomode.
Un cuadro o foto para colgar.
Mucha fe.
No mirar el celular.
Un paseo en montaña rusa.
Toda una tarde bajo del sol.
Una invitación a algún evento espectacular.
Un día de campo.
Alguna verdad pendiente.
Un video casero de feliz cumple.
Una caricia.
Un saludo inesperado.
Un ataque de honestidad brutal.
Una charla por las profundidades.
Un paraguas con onda.
Aplausos.
Una declaración de amor de cualquier tipo.
Una declaración de lo sientan deseos de declarar
Un pase libre al paintball
Una disculpa.
Un asadito.
Una ida y vuelta hasta atalaya.
Un partido de truco.
Un empujón.
Un besazo de esos de película
Un paseo en bici.
Que empiecen a separar los residuos.
Una taza particular.
Un sweater de esos que tienen pelitos.
Un José Cuervo.
Ganas de festejar.
Una razón.
Un café recién hecho.
Que me devuelvan lo que deje o me olvide o preste.
Guerra de almohadas.
Un paseo en lancha.
Un mate como la gente.
Un atardecer contemplando algún horizonte.
Día de spa casero.
Un relato de alguna anécdota graciosa de la cual forme parte
Algo artesanal de industria propia
Risas, sonrisas y carcajadas.
No mirar la hora.

Una esperanza.

martes, 5 de abril de 2016

Demasiado



Demasiado Lento. Demasiado rápido.

Demasiado gentil. Demasiado bruto.

Demasiado joven, demasiado viejo.

Demasiado incoherente, demasiado coherente

Demasiado aventurero, demasiado inseguro.

Demasiado cagón, demasiado buscapleitos

Demasiado distraído, demasiado obsesivo

Demasiado risueño, demasiado serio.

Demasiado aburrido, demasiado inquieto.

Demasiado ego, demasiada ausencia del mismo

Demasiado femenino, demasiado cavernícola.

Demasiado borracho, demasiado drogado

Demasiado mentiroso, demasiado honesto

Demasiado sexual, demasiado sentimental

Demasiado materialista, demasiado jipi

Demasiado gordo, demasiado flaco

Demasiado machista, demasiado feminista.

Demasiado vanidoso, demasiado descuidado

Demasiado llorón, demasiado insensible.

Demasiado sorprendente, demasiado predecible.

Demasiado misterioso, demasiado transparente.

Demasiado familiero, demasiado solitario.

Demasiado derrochador, demasiado rata.

Demasiado cariñoso, demasiado áspero.

Demasiado insistente, demasiado desinteresado.

Demasiado social, demasiado ermitaño.

Demasiado vulgar, demasiado señorial.

Demasiado fácil, demasiado difícil.

Demasiado bufón, demasiado emo.

Demasiado violento, demasiado gentil.

Demasiado idiota, demasiado inteligente.

Demasiada cocina, demasiado delivery.

Demasiado auto, demasiado bondi.

Demasiado raro, demasiado común.

Demasiado escultural, demasiado fofo.

Demasiado repelente, demasiado atrayente.

Demasiado enfermo, demasiado sano.

Demasiado nada, demasiado todo.

lunes, 4 de abril de 2016

Vuelta

Apenas aterrizó tuve ganas de llorar. ¿Era por tener que enfrentarme nuevamente a la vida que no quiero, o a la vida que si o si debo cambiar para no morir triste y frustrada? Minutos después del despegue me había tomado unos minutos para admirar el paisaje antes de dormir un poco luego del somnífero de la lectura. Tanta inmensidad de colores amigables, poco gris, era todo azul cielo, azul lagos, marrón piedras, el verde de los árboles y todo formaba una composición armónica a mi parecer. Naturalmente armónica. Todo fue achicándose rápidamente, y yo me despedí, en mi mente, sin saber cuándo voy a volver.
Todos los viajes son diferentes, y los realizo por motivos diferentes, y con necesidades diferentes cada vez. Siempre hay algo en la sensación de pérdida que a uno lo moviliza en querer buscar un nuevo camino, o simplemente para hacer una limpieza de lo que no nos sirve. Y dejarlo por ahí, en algún sendero de alguna de las montañas que recorrí. En algún atardecer lejos de todo, en alguna persona nueva que conocí que me brindó algo nuevo, en alguna charla que llega a profundidades que hacen que uno se enriquezca, que suba con más consciencia de sí mismo, y de la gente que lo rodea. Que te cuente su historia, con las cosas buenas y malas. Tengo muchos recuerdos fuertes de charlas con personas conocidas y desconocidas donde lloramos juntos, porque algo nos unía. El dolor. El amor. La alegría. Nos tomamos de la mano con las palabras, nos alentamos, nos abrazamos, nos miramos, nos sonreímos. Todo eso puede pasar solamente con una charla, sin querer, te lleva. Eso es lo más lindo. Inevitablemente, sin querer. Pasó.
Me quedé con ganas de seguir recorriendo, tenía ganas de sacar un pasaje hasta Ushuaia a ver qué pasaba, con que me encontraba. Dejo de darme miedo. Los que estamos solos compartimos algo que otros quizás no lo tengan. El desapego, el desinterés. El hecho de simplemente hablar porque estás ahí al lado mío y que va, tenemos tiempo de sobra. No estamos apurados, y si llegamos vamos juntos y después se verá. Uno aprende que en el camino se encuentra con muchas intersecciones, una red enorme de encuentros casuales que se cruzan por aquí y por allá. Lleva tiempo llegar a ese estado de desapego. Quizás no sea esa la palabra, porque la leo y suena como algo negativo, algo que no suma. Puedo decir libremente desapegados tal vez, eso suena un poco mejor. Pienso en alguien que me arranca una sonrisa, porque lo entiendo y porque al mismo tiempo no. Porque me identifica y me resalta, pero de ahí en adelante debo hacerlo por mi cuenta. Creo que todos tenemos a alguien así, que nos envuelve en una soga y después desaparece tirando con todo de esa soga y uno queda solo ahí haciendo un rombo. Como cuando éramos chiquitos, y todo giraba y nos reíamos a carcajadas. Bueno, así se va a sentir toda la vida. Pero todos sabemos lo que le paso a Bonnie y a Clyde.     
Me dormí como pude en el viaje, cabeceando hacia atrás, hacia adelante. A mi lado una pareja charlando lo de siempre: cuando lleguemos comemos una pizza, no, comemos fideos, estoy cansada, no cocino, que lindo ese lugar, tenemos que ir, beso va beso viene, estruendosos sopaposos interminables, tomados de las manos, uno arriba del otro prácticamente. Hay miles de parejas, pero las insoportables siempre parece que están cerca de mí. Habrán tenido unas vacaciones maravillosas y volvieron renovados hasta que la rutina los mate de nuevo. O no. Qué me importa. Solo quiero dejar de escuchar ese ruido que no para y no para. Chuik. Chuik. Chuik. Uno tras otro. Podrían dormirse. Como yo. Porque sería raro si empezara a besarme a mí misma. Haciendo esos ruidos estruendosos. Levanto la mano, chuik chhhhuik, el brazo, chhhuik chuik chuik, así cortito y molesto y laaaaaaaargo como una sopapa. ¿Me mirarían raro? ¿Les resultaría molesto, o incómodo? De seguro parecería una loca, pero ¿por qué? La gente se mima comprándose cosas, cocinando, ¿por qué no auto besarse? En fin, todo por hacer un poco de ruido, de competencia. Yo me tengo a mi misma, che. En el viaje de ida también me había tocado una pareja, en iguales condiciones. El chico no paraba de moverse. Denso. O sea, podría haberme tocado dos hombres, o dos mujeres, o una mujer con un nene, o dos ancianos, o dos personas desconocidas entre sí. ¿Se entiende? Con todas las posibilidades me cruzo dos veces con lo mismo.
Llegando a buenos aires ya no puedo volver a dormir, y solo mirando por la ventana a esa altura puedo darme cuenta de la polución que nos rodea todos los días de la cual nosotros ni nos percatamos. No son nubes, no es niebla. Es muerte. Muerte que vive entre nosotros, que se entra por nuestras fosas nasales todo el tiempo, por nuestros poros, por nuestra piel, nuestros pulmones. Ver eso desde arriba me arrugó el corazón, entendiendo que no hay escapatoria. Estaba aterrizando en MORDOR. No era la cuestión volver. Era volver a ESO. Después de disfrutar la naturaleza, el olor de los pinos, el viento en la cara, la tierra en el pelo, el sudor entre mi espalda y la mochila. Escuchar los pájaros, contemplar la vista y no tener un puto vecino frente a mis ojos, ningún edificio que me corte el paisaje, que me lo ampute horriblemente, volver a sufrir la realidad nuevamente.
Ayer domingo, jugaba Boca. Todos van a la cancha. Nadie me va a venir a buscar. Ok. Vamos a salir del sector de equipaje con la frente alta y cuando se abra la puerta y aparezcan todos esos rostros ansiosos buscando a alguien que no soy yo seguiré de largo como si nada. Es algo estúpido sentirse así, pero es una realidad estúpida del mundo estúpido en el que vivimos. Lo acepto y me cuesta menos atravesar el tumulto de gente expectante. Salgo al calor abrasante de la capital federal, siento la humedad atravesarme por todos lados, siento que me hincho lentamente, como las puertas. Buenos Aires es así. Los taxis me dan miedo. Pagar los casi doscientos pesos que sale el viaje desde Aeroparque hasta mi casa no es el tema. Bueno, un poco sí. Poquito. Tomo el Air Bus, que me deja en Corrientes, en el obelisco. En la plaza hay unos manifestantes con un proyector reclamando por las gallinas. Por el video muestran la hermosa cadena de producción avícola. Horrible. No quería verlo. ¿De qué me serviría saber? Aún así sentí que debía verlo, y lo miré. Y no podía creerlo. Era como estar en el tren fantasma. Me encanta el pollo al horno con papas, pero hoy en día comer pollo es lo mismo que comer nada, porque no tiene sabor, porque no es natural. NATURAL. ¿A nadie le importa que lo que elige todos los días en el supermercado es lo mismo que nada? ¿Que nos alimentamos de mentiras? ¿Que en realidad es todo una fachada? ¿Que a largo plazo van a tener problemas de salud de todo tipo? ¿Que comer comida procesada es lo peor que se puede comer? ¿Que hay que hacerle la guerra a esa gente que se caga en los pelotudos como nosotros? ¿Que no hay mucha diferencia entre lo que vi en ese video y la vida diaria de los seres humanos en general? ¿Nos da paja vivir dignamente? Qué se yo. Tantas preguntas sin respuestas, serían todos insultos. El cerebro es muy engañoso cuando se complota con el estómago y tenes plata en la billetera. Salir de ese círculo parece imposible. También me parecía imposible empezar a separar los residuos en casa, y sin embargo fue sólo cuestión de empezar. Pero es sólo la punta del iceberg. Y cuando uno ve la cantidad de gente que hay en una ciudad, desde el aire, desde un avión, pensar en intentar cambiar algo de todo eso parece sólo un sueño. Miles de millones de accionares en distintas direcciones. Y el sueño es que todos tiremos para el mismo lado.
Me quedo esperando en 9 de Julio, a la altura del teatro Colón, un taxi. Paro uno de esos tipo Kangoo, y por suerte el conductor no tiene aspecto de asesino ni violador serial. Es sólo un viejito. Por eso sonrío felizmente, porque sé que voy a llegar a mi casa. Viva. Intento entrar con la mochila puesta, siendo una Kangoo supuse que podría arrojarme dentro del auto así sin más, pero me trabo. Sigo sonriendo como una idiota, ahora intentando entrar de costado, pero tampoco paso. El viejito me sigue mirando, algo se ríe pero no mucho. Termino por sacarme la bendita mochila y la tiro como puedo adentro del taxi y me subo. Estas situaciones en otro momento me hubiesen ofuscado, pero con los años aprendí que el resto del universo es igual de pelotudo que yo, de torpe de ansioso y acelerado y está bien trabarme con la puerta y me río de eso porque es lo mejor que puedo hacer. Está bien no acordarme los nombres de las calles, pisar una baldosa floja cuando llueve, no hacer cuentas mentales a la velocidad de la luz, bajarme mal en el subte tres veces seguidas, no tener todas las putas respuestas. No saber cómo jugar este juego, y perder. En el mundo real siempre pierdo. En mi mundo me chupa un huevo. Le indico cómo llegar y sin mucho más preámbulo arranca. Claramente es de los viejitos que no suelen hablar. Se escucha un partido de fútbol de fondo pero no sé quién está jugando. Le pregunto si ya terminó Boca y cómo salió. Si terminó y boca perdió. Eso les pasa por no venir a buscarme. Por dejarme abandonada a mi buena suerte. Llegando a mi querido Barracas, veo que lo peor todavía no pasó y que la avenida está atestada de autos por doquier, todos con cara larga. En realidad cuando ganan no hay mucha diferencia. En la esquina de mi casa el tráfico se para y decido bajarme. Estoy ansiosa por llegar. El viejito no le hace mucha gracia, prácticamente ninguna, pero no es mi problema, por suerte, y me desentiendo totalmente de él. En otro momento de mi vida era más pelotuda y por ahí esperaba a que me deje en la puerta solo para que no se moleste. Finalmente entendí que no le estoy haciendo un favor al viejito, porque le voy a pagar, y la prestación del servicio se acaba cuando yo lo digo. Le pago y me bajo. El calor me está matando. Pasé estar con buzo y campera a querer ponerme en bolas ahí o por lo menos sacarme las zapatillas que me están matando. Llego a casa, tiro todo como puedo. El gato maúlla feliz de verme llegar, se tira panza arriba gritando desaforado. No puedo evitar sentirme culpable. Ni siquiera tiene un juguete para entretenerse. Pero nunca le dio mucha bola a lo que le compré. Solamente podría funcionar armar algo para que se trepe y se cuelgue y pendule y esas cosas. Un presupuesto. Y todavía no arreglé el calefón. Y todavía no arreglé la luz del living. Y todavía no nada. Me falta mucho para llegar a ese punto. Abro la mochila y empiezo a sacar todo como si fuera un baúl con mercadería de oferta. Me encanta el quilombo.  Tiro todo por el aire sin pensar dónde cómo, si separo esto, lo otro, donde lo pongo. Eso viene después. Primero el quilombo, el descargo, la ira, el dejarse ser. Y recién después de eso viene lo mejor, que es poner todo en orden en algún momento. Y ahí se renueva y se airea todo un poco. Es como calibrar la brújula una y otra vez para no irse a la mierda del todo. Así funciona la cosa. Saco todo, todo. Me saco toda la ropa que tengo puesta. Los dedos de mis pies respiran. Esto lo lavo, esto no. Voy y vengo, voy y vengo, saco junto guardo. Transpiro. El gato me sigue de una punta a la otra. Enciendo el lavarropas. Abro la heladera. Guardo los chocolates. Me paro desnuda frente al espejo del baño. Y me miro. Miro mi cuerpo, a ver qué dice. Puede decir tantas cosas. Pero no dice nada. Está como apagado, como escondido, como la nada misma. Tantos excesos rindieron sus frutos. Voy a tener que esperarme para recuperar la armonía. Más allá de mi grosor, mi piel tiene 10 tonos diferentes diseminados por todas partes. Mi pecho tiene manchitas, puntitos. Mi cara está cansada, tiene sueño, mis ojeras siguen ahí, fijas las muy malditas. Me siento lo menos sexy del mundo. No hay ningún misterio. No tengo ganas de besarme en estos momentos. Nada de chuik chuik.  Abro la ducha, sale el chorro de agua fría. Un placer, pero si no paro de moverme la temperatura corporal no me va a bajar. Nunca pude quedarme quieta. Así somos los de Aries, con ascendente en Tauro y luna en Cáncer. El resto no sé. Me pongo el vestido que uso siempre, unas sandalias altas, agarro el celular y salgo para la pizzería donde me espera mi papá. Ya escandalizado porque tardo tanto. No hago comentarios. Me siento y decido comenzar la dieta ahí mismo. Ensalada y fruta por un mes mínimo. Nada de harinas, nada de cerveza. Sobretodo cerveza. Me preocupa no cumplir. La ensalada de pollo (¡¡¡de pollo!!! ¡¡¡No aprendí nada!!!) que pedí llevaba panceta. Pero la pedí igual. No la tenían. Visiblemente desilusionada, cambio el menú por una ensalada de tomate, zanahoria, huevo y cebolla. No está mal para empezar. Igual me comí dos cuadraditos de pizza. Mañana arranco en serio a ingerir alimento en forma selectiva. Hablo un poco sobre el viaje, sobre la montaña, sobre cómo me hubiese gustado verlo a mi papá tirado en el piso del refugio con gente que no conoce al lado roncándole en el oído. No creo que lo vuelva a ver en una travesía como esas. Ya no. Me entristece un poco entender que ya hay cosas que no puedo hacer con él. Siento que siempre eso de alguna manera nos unió, disfrutar de los placeres de las travesías. De la aventura. Ahora todo es hotel 5 estrellas y autos y comodidad y nada más. Es el tiempo que no se detiene. Quizás alguna vez volvamos a hacer algo similar. Ahora me enojo porque se confunde como siempre que me habla y me llama por un nombre que no es el mío y me da ganas de tirar todo por el aire, romper los vasos contra el piso y gritar mi nombre y-la-puta-madre-que-lo-parió-a-ver-si-te-queda-claro-como-me-llamo. Otra vez  Aires, si, es inevitable. Si no exploto yo no vivo. Vivir y no explotar es como estar muerto. Dame una excusa, una solita. Pero una buena. No tiene que ser una explosión violenta, pero si intensa. Bueno. Alguien más que habla y no me escucha, que mira pero no me ve. Es lo mismo hablar conmigo que hablar con el diariero. Con el taxista. Con cualquiera. Sé que es solo una apreciación mía, una necesidad mía en realidad. Pero esa es la imagen que doy tal vez. Alguien que no dice nada. Soy la nena que todavía sigue paveando. Paveando porque no me gane un premio nobel, paveando porque no soy nadie más que quien soy. Y eso a la gente nunca le alcanza porque siempre espera algo que en realidad es un espejo de lo que esperan de ellos mismos. Y yo no tengo nada que ver con eso, no es mi problema. A la gente no le gustan las respuestas simples, siempre buscan algo más, insatisfechos de la realidad aburrida. Los años dan visión, seguridad y aceptación. Pero como nada es gratis, a cambio te quitan tiempo. Para mi padre sigo siendo esa que sigue paveando, esa que ya le está llegando la fecha de vencimiento para darle un nieto. Yo quisiera cuatro, así todo es un quilombo. Ya dije que me encanta el quilombo. Pero debería haber arrancado a los 25 para eso. La vida pasa. Ahora no tengo ganas. Puedo tener quilombo con cuatro sobrinos también. Ya calibré la brújula para otro lado. Termino la ensalada y opto por irme a casa a buscar a Paris. Ya no tengo nada que hacer acá. Llego a la puerta y ya la veo rasqueteando el vidrio desesperada. Pobrecita. La abro y salen los dos recibiéndome contentos. Sonny siempre manteniendo esa postura tan imponente, es un rotweiler perfecto. Y Paris bueno, es paris, y solo paris. Al lado de Sonny parece una perrita de juguete. Decido sacarlos a los dos, como para pagar un poco la deuda que tengo por haberla dejado al cuidado de la familia. Uno que pasa en bici me grita hermosa, y yo sonrío. Me siento tan poco atractiva que no puedo más que bien recibir ese piropo, aunque sea de noche y esté todo oscuro y el flaco la tiró por deporte. Llevar a dos perros de diferentes alturas y diferentes velocidades y necesidades es complicado. Sólo un paseo de una cuadra como para que no les explote la vejiga, el resto del recorrido lo completará mi hermano, estimo. Paris no hace casi nada, como para variar. Se la paso meando en la cocina de la casa mientras no estuve, menos mal que al ser familia tienen que aguantar lo que venga. Incluida mi mascota y sus metidas de pata. Finalmente llego a mi casa a la una menos cuarto de la mañana. Termino de ordenar y guardar todo lo que había quedado diseminado por el living en sus lugares correspondientes. Guardo la carpa, el aislante, y dejo la mochila con la bolsa de dormir dentro para terminar mañana. Hay bolas de pelos por todos lados. Polvo. La cocina está sucia. El zapallo de la heladera podrido. Es como volver al punto de partida nuevamente, poniendo todo el orden, teniendo que limpiar. Iba a poner que nadie me espera pero eso no es verdad. El gato me espero con ansias. La perra también. Somos una pequeña familia pero ellos dependen de mí y no al revés. Y yo dependo de mi misma, para estar fuerte, para estar sana, para cuidarme, para ocuparme. Hoy me encuentro acá, me digo. Punto. Vuelvo a la ducha, pero esta vez me lavo el pelo y me paso la esponja, el baño anterior había sido medio exprés para sacarme el calor del viaje. Ahora si me bajo la temperatura. Pienso en que voy a almorzar mañana en la oficina, masomenos organizo mentalmente los pasos a seguir cuando me levante. Un tema menos. Ahora sí, este es el momento que estaba esperando: mi cama y yo. Yo y mi cama. Después de dormir en el piso, con frío, y en colchones que parecían llenos de aire en los cuales me hundía cual submarino en el agua. Mi espalda pedía a gritos mi colchón. Qué momento de placer. Una ducha, Una cama. Estar fuera de las comodidades que todos damos por sentado todos los días te hace darte cuenta de cuánto vale aquello que pareciera en el día a día no tener valor. Quisiera abrazarla pero no me dan el largo de los brazos. Gracias. Gracias a mí por comprar el colchón. Por lavar las sábanas. Por comprar las almohadas. Por pensar en mí. Por el silencio del cuarto oscuro interrumpido por la leve luz del pasillo. Es mi hogar. Por ahora.




viernes, 22 de enero de 2016

Naturalmente

No me molesta mirar para arriba
y ver toda esa maraña de cables y transformadores
mientras viajo en colectivo o espero el semáforo.
Si me molesta caminar y esquivar montañas de basura por ejemplo.
Venir caminando cantando alguna canción quizás.
Añadiendo un poco de color a la ciudad y paf
viene una baranda que te voltea, literalmente.
Hace que la expresión de tu cara se vuelva fea, que todos tus músculos se contraigan y tu rostro se arrugue como queriendo cerrarse automáticamente para protegerse.
Te llevas los dedos a la nariz caminando rápido temiendo abrir la boca porque claro, es como una nube de gérmenes y cosas podridas que estarías tragando aunque no las veas, sabes que están ahí. Yo en estos casos me llevo algún trapo alguna remera , bufanda, mano, lo que sea, que oficie de filtro mental para alivianar un poco la sensación de tragar podredumbre, de tragar muerte.
Y ya pasó, caminaste un par de cuadras, pero no podes cambiar esa expresión de tu cara, es tan antinatural lo que te acaba de pasar que el cuerpo no puede parar de intentar vomitar el mal momento, todas las imágenes que traen accionando esa memoria olfativa que funciona instintivamente. ¿En que pensaste?
Bueno, lo primero es ratas, después cucarachas, luego gusanos, algún gato muerto tal vez, comida podrida, o no tan podrida, viscosidad, una nube invisible de color gris, llega de moscas que se posan ahí y luego intentan posarse en vos, que no tenes nada que ver.
¿O sí? O eso se formó solo "naturalmente"
¿No formamos parte del paisaje acaso?
Lo importante es salir de allí lo mas rápido que se pueda, huir, del horror, de la muerte, de lo que nadie quiere ver.
Otros dicen "esto no está bien" y deciden hacer algo para que ese olor no vuelva a cruzarse por nuestro camino. Porque ese es el objetivo.Hacia ahí vamos.
Abrimos otro sendero, lindo, fresco. Con aroma a vida.
Y el mundo empieza a cambiar.

martes, 29 de diciembre de 2015

Más

Ganas de bailar
hasta que los talones ardan
hasta que la cintura me duela
hasta que llueva, hasta que salga el sol
La cabeza me da vueltas,
me grita incansable, imposible de apagar
No hay nada que la pueda callar.
En silencio, en el bullicio, todo parece
darle lo mismo.
No te caigas, no te caigas
no dejes que te tiren.
No dejes que te mienta.
No dejes que te sienta.
Mas me siento morir
mas ganas de vivir me dan.
Ganas de cantar 
de sacar todo lo que me guardo
De decir que no me arrepiento
de las marcas que llevo
y así no olvidar, lo que perdí 
pero más lo que gané 
Ganas de pintar
si, de pintar, pinto lo que quiero
mi propio paisaje, 
mi propios colores, 
mi casa, mis amigos,
el amor
el amor que te levanta 
para no caer
y saber
que aunque todo termine
y la pintura se destiña por la lluvia que no para de caer
el lienzo queda en blanco otra vez
buscando nuevos colores y renacer.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Nadie es tan especial

Hacerlo.
Hacerlo hasta perder la noción del tiempo.
Creí que entendía lo que era querer perderse
pero no lo sabía, hasta ahora.
Hay algo tan sexual de querer simplemente dejarse ir.
Cerrar los ojos y dormir no alcanza, porque nunca dormís
nunca descansas del todo, a veces ni siquiera dormís con tanta
calesita dando vueltas en tu cabeza.
La cámara lenta, el sonido deformado, apaciguado,
no reconocer nada, ni las caras ni quien esta y quién no.
No recordar que sentís, ni porque llegaste hasta este punto, porque el dolor
ya no duele,
yo no sé, el dolor, o si es la cabeza que no te deja respirar, no te deja
enterrar tranquilo como siempre hacemos cuando algo muere.
La belleza de simplemente caer.

Será por eso que siempre lo estamos haciendo.


Tengo tantas ganas de estar equivocada.

-10

Si usted suma demás
pues tendrá que restar.
Si usted pone mucho rebalsa
entonces tendrá que sacar lo que no va.
Si usted pierde el tiempo
bueno, eso ya no lo puede recuperar.

Piense bien adónde va
piense bien a quien se lo da
piense y actúe,
al revés no parece funcionar.

Pero si usted no sabe sumar,
está en un aprieto,
no va a saber que restar o que reclamar.
Y nadie, créame, nadie lo va a poder ayudar.

viernes, 7 de agosto de 2015

Robo

intento.
sueño.
con vos.
me caigo.
me levanto.
sin vos.
todos los días te despido,
me despido.
Yo vi el brillo de tus ojos bailar
lo vi palidecer
hasta que no lo vi más.
Te acompañe y te contuve,
sé que hice lo que pude.
Pero la vida se lleva personas, sensaciones,
y sobre todo algunos brillos.
De inocencia, de ilusión, de eternidades terminadas.
No es lo mismo el amor a los veinte, que a los treinta o cuarenta.
Vi tu antes y tu después.
Te conocí.
y Te desconocí.
Te vi sonreír. Te vi llorar. Te vi bailar, te vi tropezar.
Te vi acercarte, te vi alejarte.
Vi tu belleza, vi tu risa, vi tus gestos, tu boca, tus dientes, tu aliento, tus manos, tu nariz, tus ojos, tus pestañas, tus cejas, tu lengua, tus lunares, tus uñas.
Te sentí abrazarme, deseando soltarme.
Te vi mirarme, te vi esquivarme.
Decir siempre, decir no sé.
Asentir, luego negar,
Mirar al cielo, mirar al piso.
La violencia, los destinos oscuros, noches con olor a miedo y encierro.
El abrazo que ya no sirve, el beso que ya no cura, el sexo que ya no ayuda.
La belleza que ya no existe, o que tus ojos ya no ven.
Mis ojos miran, incansables.
Lo único que no vi, a pesar de todo lo anterior,

fue como poco a poco, me robaron tu amor.

jueves, 11 de junio de 2015

SOS



No sos vos.

No sos la ropa que usas, el auto que compras

la comida de consumas, los viajes que haces.

Nada de eso.

No sos nada de lo que pienses que podes ser desde

acá para adentro.

No sos un partido político, no sos la casa donde vivas

ni las mascotas que tenes, ni los libros que lees.

No sos algo concreto, algo definido, si somos como un gas

en constante movimiento, que se escapa, que va

que viene...

Sos tu alma. sos lo que sentís, lo que decís,

lo que queres tener cerca, lo que preferís lejos

sos tu libertad, libertad para elegir, para perder

para ganar.

Sos tu humildad, tu paciencia, tu autoestima,

tu esperanza.

Sos tu respeto, tu sinceridad, tu capacidad de amar y de dar

Sos tu valor, tu propio limite, tu mierda y tu desdicha también.

Sos tus miedos, tus rencores, tus errores, tus recuerdos

Sos tu sabiduría, tu estrategia, tu compromiso

Sos tu propia conciencia, tu propio dolor

sos tu soledad y tu silencio

tu odio y tu bronca, y tu impotencia, y tu maldita sea.

martes, 2 de junio de 2015

Ocaso

Cálidos rayos recuerdan
la cima,
ya no con la misma fuerza,
ya no con el mismo ímpetu.

Agua que se va por la cañería,
la vemos desplazarse lentamente,
forma un remolino antes de desaparecer del todo,
sin poder hacer absolutamente nada.

Caricias de perdón,
caricias del adiós.
Cachetazos en cámara lenta.
Frescor de la mañana que ya no amanecerá.
Esa mañana que ahora es eterna, la que nunca existió.

El sol cae.
Las sonrisas se esfuman, y vos soltas.
Los rayos se esconden y te desorientas.
Los ojos, la boca, todo grita porque, por donde.

Como ocurrió el amor,
ese amor.
Vivir con todo lo que tenemos
sin poder despojarnos de nada.

Astillero de sueños sin sentido
en la cabeza de quien sabe disfrazar,
maquillar todo.
Trabajando incansablemente en la búsqueda de alguna víctima dispuesta a
sonreír accidentalmente.

Y que los rayos salgan de entre sus dientes.

lunes, 18 de mayo de 2015

Universo

Se detuvo.
Todo se detuvo en paralelo con ese universo.
¿En que dimensión estaba?
Deseo no poder.
Deseo no querer, ¡no desear!
No recordar, nada nada de lo que pudiera extrañar.
Un hilo, invisible, imaginario, inventado,dibujado.
Pero imposible de deshacer.
Por momentos pareciera que me aprieta el estómago,
otros momentos lo siento como tejiendo redes en mi cerebro. 
Presionando. Algo falta.
No saber qué demonios hacer con esto.
Desconfío de todo ese universo, para mi tiene un reverso.
un re

verso.

viernes, 10 de abril de 2015

Año Nuevo

Recién me despierto, y respiro. El sol de la media mañana pega en la pared y el calor me agobia, más de lo que ya estoy. Abro mis ojos, clavados en el techo, clavados en la pared, Esa pared repleta de frases estáticas, algunas ya medio borroneadas Otras están tan lejos que difícilmente logren alterarse. Todas las escribí en algún momento, por algún motivo, que por supuesto todavía logro recordar sin esfuerzo. No hace falta decir porqué.
Mierda, realmente está pesado allá afuera. Recién comienza el año, pero todavía no pude despedirme del anterior. Y afuera no se escucha absolutamente nada, o están todos de resaca o esto es un sueño donde un extraño virus los exterminó a todos y allá afuera es un desierto caliente de pavimento y humedad. Por lo menos no tengo que pagar por soñar despierta. Sigo con los ojos clavados ahora dentro mío, en silencio. Ese extraño placer de poder hablar sin emitir sonido porque no hace falta. Que genialidad, no malgastar la voz al pedo. No tener que decir estupideces solo para llenar un espacio o para que sepan que estás ahí. Si tuviese que decir algo para hacerle saber al resto que estoy ahí, si del otro lado no me ven, si tengo que hablar, entonces no vale la pena. Solo lo justo y necesario. Un día de absoluta inercia. Si. No está mal para arrancar el año.
Me revuelco sobre mi misma y me encuentro con Paris. Como todo perro de la calle siempre está ahí, al lado tuyo, esperando que despiertes. A ella sí que realmente no le molesta nada, y tampoco pide nada. Solo mi compañía. Lo mismo que yo. Sin embargo, a veces pareciera que me molestan muchas cosas de ella, y siento que le pido mucho. Por increíble que parezca, mirando en sus ojos transparentes se que siempre me perdona. Feliz año nuevo, Paris. Incondicional, siempre me da otra oportunidad, porque cree en mi, y sabe lo que soy y lo que no.
Que jodido salir de la cama, pienso. Suena el teléfono. Por favor no ahora, que no tengo ganas de ponerme a repetir como un lorito todo el puto sermón que acontece por esta fecha. Qué suerte, no era acá, o casi. Con lo cerca que estoy de los vecinos da la sensación de que vivimos todos juntos. Y en vez de paredes tenemos cortinas divisorias, hasta veo siluetas moverse y todo. Ya no sé si es una villa o una cárcel. Una prueba más de que me encuentro sola porque el maldito teléfono sigue sonando.
El despertar tiene una suerte de esperanza, mezclada con melancolía, otro tanto de soledad pero no tanto. Sobre todo en esta época del año. Y la estoy disfrutando, porque siempre es diferente cada vez. Aunque lo que llevo adentro siempre es lo mismo, solo que pasan los años y va pesando más, jodiendo más, doliendo más.
Seguro tendré la postal más linda, para recordar dentro de unos años, una de las tantas que me acompañan y se acumulan cada día que despierto. Esas postales que siempre son para alguien que está lejos, con alguna bonita y pequeña dedicatoria. Para compartir un momento con alguien, haciéndola parte de sí mismo sin pedir permiso. Esas que dicen "Hoy estuviste conmigo y quise hacértelo saber". Ya sé quién es mi destinatario hoy. Permiso, me atrevo a escribir tu nombre en la postal del día de hoy. Espero no te moleste. Sé muy bien que no. "Hoy me acorde de vos imbécil, espero que estés contento". No es postal si no tiene mi toque, cómo decirlo...personal.
Ya es mediodía, y el sol está en su máxima potencia, igual que mi ventilador. Insoportable. Hoy está para esas siestas de verano...de las que siempre hablamos y que ahora ya no nos esperan. Al menos juntos.
Muevo un poco las piernas contra las sábanas, como haciendo una v corta para despertarlas un poco, ahora una i...después una P al mejor estilo griego, así bien rústica, culminando la sesión con una perfecta X. Con tanto espacio en la cama hay que ponerse creativo...para no pensar en lo que pensamos todos cuando despertamos así, solos.
Algo cae del escritorio golpeando contra el piso. A juzgar por el ruido metálico y seco me atrevería a adivinar que fue el encendedor. Es su manera de avisarme que me levante, que tiene hambre y que quiere comer. Es tan inteligente este gato, pienso. No es humano pero sabe muy bien cuándo y con qué molestar a uno para lograr lo que quiere o necesita. Debería aprender un poco más de él. Giro la cabeza, y veo el vaso de agua sobre la mesa. Qué suerte que los felinos no se llevan muy bien con el líquido elemento. No hubiese sido muy grato ya arrancar el año arreglando las cagadas de los demás. Mirando detenidamente veo que está repleto de burbujitas. Quietitas, pegadas a las paredes del vidrio, simulando ser gas pero a mí no me engañan. ¿Qué puedo hacer? ¿Tirarla por el inodoro? Si la energía siempre es la misma, solo que se transforma, es medio estúpido pensar que "se va a ir" por una tubería. Mala onda. Es una cuestión mental. Mientras se pueda ser indiferente siempre va a rebotar. Vaya uno a saber adónde va a explotar. Creo que me importa más el hecho del desperdicio sin sentido, y dado que estoy un poco sedienta, me la voy a tomar igual. De todas maneras va a ir a parar al mismo lugar.
 Intento levantarme, y siento como si todo mi cuerpo pesara cincuenta kilos más. Mejor voy a empezar por lo primero, tratar de sentarme sobre el colchón, despacio, muy despacio. Mirando a la pared, un poco al piso,  agachando la cabeza para estirar un poco la columna que no deja de joderme. La luz del día se infiltra por la persiana, y pienso que tal vez, no fue buena idea despegar de mi aposento. Pero que va, ya está. Dos de la tarde. Por ahí deben estar los almuerzos familiares, las discusiones de quien de los dos se va a tener que fumar a la suegra, o a los pibes, o ir a buscar a la abuela al geriátrico que seguramente después ni se entere de donde estuvo. Si. Realmente no creo que este tan mal el día de hoy después de todo. Nada de comer las sobras de ayer, ni juntar botellas vacías, ni comer pan dulce por décimo cuarto día consecutivo.
Cualquier idiota puede pensar que es una excusa para no reconocer que en realidad es una mierda estar solo en año nuevo. Y bueno, ellos deben tener una excusa para no reconocer que sentarse en la mesa, mirarlos a todos e imaginar que tienen una granada en la mano es bastante parecido también. Todos los años pensando en escapar de esa realidad que ya no pueden modificar. Qué diferencia. Y ni hablar del momento del brindis. La hora de las horas, la hora más esperada, la que nos trastorna y nos felicita, nos recuerda, nos mata, y lo más difícil de todo: nos hace mirarnos todos a los ojos...ojos que a veces nunca están ahí, siempre en otro lado, en otra casa, con otra gente. Con personas que ya no están. Para eso son los brindis. Y si, también me acordé ahí de vos, imbécil. Justamente por eso. Porque no estabas.
Qué raro, pienso. El estómago no me llama ni me hace señas para que le preste un poco de atención. En cambio el cerebro me pide nicotina a los gritos. Con tal de que él tampoco me hable, cualquier cosa es buena.
Ya es hora de estirar un poco las piernas, y de salir a ver si realmente estaba soñando o el mundo desapareció por completo. Por ahí tenga suerte y no tenga que vestirme, pero por las dudas voy a revolver todas las prendas que cuelgan de la silla, una arriba de la otra y rescatar algo que quiera pegarse a mi piel, y empaparse de mí, de lo que mi cuerpo quiere sacarse de encima. Que me reciba. Que me envuelva. Que quiera algo de mí, algo de lo que es mío. Nunca nadie quiere ser sombrero. Todos quieren ser vestido. A nadie le interesa empaparse de arriba. Sólo carne para comer, como los lobos.
 A esta altura la perra ya se enteró de mis planes y corre alocadamente de una punta del departamento a otra, con una emoción tan infantil que da envidia. Que linda que sos Paris, le digo. Hace que siempre tenga presente lo que a esta altura ya dudo si volverá. Por eso todos elegimos, inconscientemente quizás, tener una fuente permanente que nos llene de eso que nos falta: amigos, hijos, nietos, mascotas...algo así.

 Al parecer sólo era un sueño, la gente pasea por la calle con bolsas y bolsas en la mano. De acá para allá, subiéndose y bajándose de los autos, apurados, cansados, contentos, otros no tanto. En la esquina el sol me pega de lleno y una vez más, respiro.

martes, 7 de abril de 2015

Así

Te imagino así, con ese final,

y no puedo evitar reírme.

Pero eso es lo que me das.

Lo que necesito ahora de vos

es que no me digas nada

y solo hagas lo que tengas que hacer

y luego andate

y luego volve

y luego andate

pero no me digas cuando

no me digas donde

no hagas que te espere

no hagas que te sueñe

solamente

haceme reír, nada más.

Quizás algún día nos riamos juntos

quizás te quedes y no te vayas más

pero eso a quien le importa.

Quizás es lo que no necesito,

en lo que justamente, ni insisto.

lunes, 6 de abril de 2015

Caen



Todos caen.

El cuerpo. Nuestra Sonrisa. Los sueños.

El sol, la luna. El culo, las tetas.

Las lágrimas. Las llaves. Los modales.

Las cáscaras, las máscaras. El agua.

Los inoportunos. Los modelos. Las flechas.

Las puertas. Las piedras. La verguenza.

La mirada. La soga. Los inocentes.

La ropa. Las barreras. La oferta, la demanda.

El pelo. Las enredaderas. La fama.

Las hojas de los árboles. Las bombas.

La nieve. Los suicidas. Los graves.

Las mariposas. Los dientes. El martillo.

La pintura. Los muros. El tabaco.

Las heces. Los que escalan. La comida.

La tensión. Las monedas. Las agujas.

El jabón. La importancia. Los rayos.

Los ataúdes. El deseo. Los satélites.

Las flores. La mentira. Los imperios.

Los puentes. Los mensajes. Los genios.

Los aviones. Los meteoritos. Los gigantes.

Los techos. Los glaciares. Las cadenas.

Los árboles. Las olas. Las pelotas.

Algunas cabezas. El látigo. El sistema.

Los submarinos. Los contrincantes.

Los velos. Las torres.

Las luciérnagas.

jueves, 26 de marzo de 2015

Partida

A veces hay que mandar todo bien a la mierda.
A veces uno mismo se manda a la mierda, en un intento por reaccionar. Como un mecanismo de supervivencia casi.
Patear el tablero.
Descargarse
Romper o romperse hasta estar seguro de que uno esta ahí.
Sí, estamos solos.
Las decisiones las tomamos solos. Que creemos o que no.
Si mejor seguimos soportando o mandamos todo a la mierda.
Es placentero, no se puede negar.
Cansarse de sostener algo tan volátil como es la realidad,
que cambia todo el tiempo. Que la cambias todo el tiempo y que te la cambian todo el tiempo.
Las fichas se mueven. y hay que pensar la próxima jugada.
A veces se pone tan bueno que aunque sepas que la partida debe terminar,
haces lo posible para que dure aunque sea un segundo más.
Y ahí es cuando todo tambalea.
Los aliados sólo quieren lo que prometiste. Y después que mueras.
Ay, estos traidores.
Pactos, firmados con tinta, con sangre, con saliva, con lágrimas.
Si señores. Estamos solos.
Hay que lograr afilar la mirada y coordinar el corazón y la mente.
No importa lo que digan, las palabras mienten. Los actos no. Yo estoy mintiendo en este momento. Todo el tiempo estoy mintiendo.
El trabajo de toda una vida, años de practicar y practicar.
Las consecuencias las enfrentamos solos, las decisiones.
Y cuando las consecuencias se vienen encima, hay que patear el tablero.
Si ya está perdido, hay que sacarse todo y salir a la cancha.
Cortarte un brazo o dejar que la infección se propague.
Exagerado, si. Pero bastante claro también.
Cuando sentís lo inevitable algo te mueve, te fuerza a elevarlo hasta lo
más alto que te permitas, como si eso quedara grabado a fuego dentro de uno. Y empujas. Y empujas.
Aquellas palabras que no pensabas decir, pero se escaparon solas.
Y se sintió bien. Tan bien como explotar.
Patear el tablero es decirle a la seguridad que se vaya a cagar.
Darle la bienvenida a la realidad.
Abrazar la sensación de dejarse y ya.
No puede ponerse peor a no ser libre.
La sonrisa sale sola.

Se siente bien. 

martes, 17 de marzo de 2015

Apuesta

No hay lugar, para jugar
Es una lástima, de verdad.
Tantos callejones, tantas calles,
solo quisiera escuchar, una bonita historia y nada más.
Nada más.
La noche, podría pasar tanto, tanto
sin embargo se mece, y me adormece
Aunque no relaja, no, para nada.
Una ebullición constante en el interior, que todavía no se define.
Si, las apuestas son así.
Lo mejor es que siempre me encuentra,
mi conciencia, mi luz, mi verdad.
Escucho, sonrío, quiero correr de la mano
De la mano con la aventura, la fina linea de la compostura, la adrenalina que
descubrís cuando todos te miran con sobriedad, y vos.
Vos ya ni los miras.
Sin cómplices, a veces es sentirte solo, en la inmensidad de tu ser,
simplemente porque no te ven.
A veces es sentir que el miedo nos cubre a todos con un velo denso, denso.
Tan denso como una pared, que no se inmuta, que no respira, gris, cubierta de moho,
fría.
Fría.
No te ven. No.
Pero, alguien te siente?
Si alguien te siente en cualquier momento, en cualquier lugar, entonces la apuesta todavía no termina.
Si alguien te mira y te dice, sonriendo, que estás loco, entonces la apuesta está bien hecha.
Somos espejos, recibís como das.
Si alguien te dice, que confía en vos, y te da su mano...redobla la apuesta y dale las dos.
A veces perder el control es verse, encontrarse, liberarse, animarse.
Amarse.

martes, 10 de marzo de 2015

Pelota

Madurar significa reconocer cuando uno es un pelotudo. A veces uno está dispuesto a perder con tal de no retroceder un poco y ganar mucho más. Es como estacionar.  Si te mandaste mal, tenes que salir y apuntar de nuevo.  Hay dos cosas que nos ayudan a saber si realmente meamos afuera del tarro: la experiencia y la intuición. Y una ayuda bastante a la otra, cooperan entre si. Por eso creo que realmente hay pocas cosas que nos sorprendan. Porque en el fondo las señales quedan grabadas, desde el principio. Y si, por algo es, por algo sentís así y no de otra manera. Pero como la seguridad se forja mediante los actos, se comprueba mediante acciones, consecuencias, reacciones. La no reacción es también una consecuencia. Bah, más bien una conclusión. Porque ahí se termina todo.  Nos equivocamos, forma parte de lo que nos hace ser como somos. Importante es proponerse reaccionar de una manera diferente, para poder conocernos a nosotros mismos. En vez de callar, hablar. En vez de dejar, confrontar. Dejar que la verdad de lo que somos cada uno de nosotros hable. Empujamos  un poco más, empujamos al resto también un poco más. Salimos de la zona de confort y de seguro por lo menos no habrá arrepentimientos, al contrario. No perdimos nada, ganamos un poco más que ayer. Recordamos todos aquellos momentos en que dejamos que alguien más decida por nosotros. Que alguien más nos defina y nos diga que somos, de que estamos hechos. La rabia se transforma en nada. Los límites comienzan a volverse más y más claros y, muchas veces, ya no hay dudas de que esto o aquello, que la vida nos pone adelante una y otra vez es la lección que todavía no aprendiste. No estás listo, no.  Sabemos lo que vale la pena o no. De seguro podrá distraerte, pero difícilmente confundirte. La intuición y la experiencia te lo dicen.  Cuando no está claro, es porque hay que empujar.
Cuando tu energía es mal empleada se nota. Porque no recibís nada. No sentís satisfacción, ni placer. No existe la reciprocidad. Las cuentas no dan. Uno se encapricha con uno mismo. No quiere escucharse. Y perdes el tiempo al pedo, con momentos tan inútiles como efímeros, solo por querer llenar algunos lugares que siempre se pinchan, porque están para eso, filtro. Solo filtro. Para valorar los que no. Los reales, los profundos, los que te mueven  los que se chocan y estallas y se prenden fuego y gritas y todo se vuelve una tormenta de realidad. ¿Quién quiere sonreír como un idiota todo el tiempo sin sentir que es un muñequito detrás de una vidriera? Por más que no tenga importancia, al menos no tanta como quisiera, si hay que empezar a cavar es lo mejor que puede pasar. Llegar hasta el punto donde te pones a prueba y ves quién está y quién no. Quién se queda, quién se va. A quién le importa  y a quién no. Quien te dice en tu cara que sos un imbécil y quien se la banca cuando vos se lo decís.  Quien es lo suficientemente maduro para reconocer cuando es un pelotudo.


viernes, 27 de febrero de 2015

Cicatriz

Sentada en el banco de la plaza, el viento me revolvía el pelo, tapándome la cara. Yo me destapaba y el viento volvía a taparme. Se reían, y a la distancia, yo los espiaba. Me intrigaba tanto alboroto. Estaba buscando una respuesta. Quizás por eso era que me llamaban tanto la atención, en otro momento nunca los hubiese observado. Si cerraba los ojos podría imaginar a cualquier niño jugando con mi pelo. Sonrío. Pero no sola. La lluvia se avecinaba ya, la esperaba con ansias. El paisaje cambiaba y estaba ahí. Estática. No pensé en nadie. No. Pero si pensé en algo, lo que tenían ellos, lo que se veía en sus rostros, resplandeciendo. Tomados de la mano, con los hombros levantados , como queriendo protegerse de lo que se avecinaba.
No dejaban de reír, no importaba cómo intentara disminuirlo en mi mente. ese cuadro era la imagen de la inocencia, esa que nunca vuelve. Que momento, pensé. Por un segundo me sentí dentro de ese cuadro compartiendo lo mismo que ellos. De seguro si me dejan voy a poder viajar en el tiempo y sólo sonreír. Me muero de ganas de sentirme liviana lejos de todo eso. Los papeles revolotean, la tierra se arremolina, como en aquellos pagos... Qué va...como en todos lados. La mente me lleva hacia allá, y yo quiero estar acá. Mi cara nunca me ayudo a disimular nada. Pero me ayuda a ahorrar las palabras que no hacen falta.
Una nena pasa corriendo y se cae súbitamente. Queda en el piso, tendida, lloriqueando. Sin dudarlo me levanto, casi corriendo también y me agacho, para acercarme lo más que pueda.
-¿Estas bien linda?- le digo
La nena me mira, sollozando, en silencio. Se mira la rodilla toda raspada y me dice
-Me arde-
-¡Uh, es que te diste tremendo golpe!- Ayudo a exagerar un poco con mi cara- Mira, yo también me caí cuando era chiquita- Le muestro la cicatriz que tengo en la pierna arriba del tobillo.
Ella la mira, con curiosidad, y pasa el dedo con temor.
Todavía sollozando pero casi olvidándose del raspón, me pregunta si me dolió.
-¡Puf! ¡Grite tanto tanto tanto que todavía me acuerdo!- La nena sonríe ante mis muecas y mis exageraciones gesticulares.- Pero ya no me duele más- Sonrío.
La ayudo a pararse, a sacarse la tierra , y a limpiarse un poco la cara. La madre ya ubico a la niña y lentamente la veo acercarse.
-Ahí viene tu mamá- Le digo- No llores mas eh, que ya no duele, ¿o no?-
Asiente con la cabeza, me sonríe y dando media vuelta vuelve corriendo a los brazos de su madre. Y yo me quedo parada ahí, estática. La plaza ya esta vacía.  Yo me quedo esperando la lluvia en silencio. El viento sigue jugando con mi pelo, con mi vestido. Veo que las hamacas quedaron desiertas, y me siento en una de ellas.
Las luces se prendieron por la extraña oscuridad, por el día que se filtra a estas horas de la tarde.
Mientras me balanceo en la hamaca juego con la arena bajo mis pies. Mi mirada se detiene en esa cicatriz, en esa oruga fea retorcida que siempre quise borrar de mi y que hacía tanto tiempo que no me detenía a observar porque se volvió parte de mi como mi pelo, como mis manos. No imagino mi cuerpo sin esa oruguita remolona tan linda y solo mía. Sólo con el tiempo. No sería mi cuerpo. No sería yo.
El cielo se ilumina de golpe. A lo lejos se escucha el trueno que viaja. Finalmente veo las gotas impactadas sobre la arena mientras me hamaco enérgicamente un ratito, en ese limbo.

lunes, 23 de febrero de 2015

Te quise

Te quise para aprender
te quise para reír
te quería sólo para mí

Fue muy poco el tiempo
pero realmente te quise
quise quererte, y verte lindo
verte amistoso, un poco torpe
así, de imperfecto, yo te quería.

Te quise para hablar de nada
o de todo a la vez
de escuchar tu voz
y que vos escuches la mía.

Te quise para no sentirme sola
y disfrutar de tu compania
Te quise para que me abraces
y yo abrazarte también.

Te quise, para mirarte.
Te quise para que vos también,
me mires.
Te quise para decir tu nombre,
cerrar los ojos y pensar en un hombre.

Te quise para poder ser yo.
Solamente yo.

Te quise, sólo un rato
para poder soñar.

Te quise, para no comer con el televisor.
Te quise, para gritarle a alguien mientras me duchaba
y para que me rasques la espalda.

Te quise para no pensar tanto.
Para tener un poco de fe.
Para enojarme con alguien,
con alguien que no sea yo.